CON OTROS OJOS Y PREMIOS GRAJO 2024
Retomamos este año una ya vieja costumbre de Andaraje como es la de sus viajes anuales que enmarcan la entrega de los Premios Grajo Blanco, los cuales andan ya por su edición número… ni se sabe, tras la pausa impuesta por la pandemia de infausta memoria que entre unas cosas y otras nos ha dejado tres años en tierra.

Este año la cita era en la ciudad de Córdoba, donde nuestro amigo Jesús Barroso, comisario del viaje, programó inicialmente una visita a las “Iglesias fernandinas” cordobesas, un puñado de construcciones góticas mandadas construir por el rey Fernando III tras la conquista sobre algunas de las mezquitas de la ciudad y que, tras numerosas reformas e intervenciones, han llegado a nuestros días. Como, por motivos ajenos a nuestra voluntad, aquello no pudo ser, se cambió el objetivo del viaje a una visita a los restos de una sinagoga que han llegado hasta nosotros así como al barrio judío donde se aloja.


Tras instalarnos en el Hotel Córdoba Center, cuartel general y punto de encuentro, comenzamos la lluviosa jornada en el Centro de Visitantes, donde pudimos conocer una visión global de la ciudad y sus diferentes barrios desde la época romana hasta la califal, con la distribución de templos, mezquitas e iglesias a lo largo de los siglos.



Con la imagen in mente nos pusimos manos a la obra y callejeamos, dirigidos por la guía especializada, por el Patio de los Naranjos, las calles de la judería cordobesa, deteniéndonos en patios, talleres de luthiers, alguna iglesia.






Visitamos la estatua de Maimómides y, finalmente, los restos de la sinagoga que aún se conserva en la ciudad.




Tarde libre para unos y de ensayo para otros; ya sabéis que cuando aparezca esta pequeña crónica será inminente el estreno de “Kantes de Sefarad”, concierto de música sefardí que se estrenará en “Espacio Dársena” de Sevilla a comienzos de abril, de modo que “el brazo armado” de Andaraje tuvimos sesión de ensayo por la tarde.

Tras la cena, frugal como corresponde a nuestra condición, vino el segundo plato fuerte de la jornada: la entrega de los PREMIOS GRAJO BLANCO 2024, entregados, como es natural, por los iniciales protagonistas de la jornada: el Rey Santo Fernando III, sus dos esposas doña Beatriz de Suabia y doña Berenguela, junto a diversos personajes de su corte, el bufón, el infante Alfonso futuro Alfonso X el Sabio y la dama de compañía guía.





Mas que premios fueron audiencias concedidas por los reyes para escuchar peticiones y demandas, otorgando a los solicitantes dádivas que bien podrían considerarse auténticos premios a su lealtad… Fueron estos:




Al Marqués de Villanueva de la Reina, Paco Rudolf, que solicitaba concesión de una clínica oftalmológica, se le concedieron unas maravillosas gafas; a don Eugenio, que pedía una gasolinera, algo inexistente en aquella época en la que aún no se había inventado la gasolina, se le entregó un molino de viento; al Duque de Andaraje, Pepenieto, que pedía una y otra vez a lo largo de los años una subvención para la Cita Folk solo le proporcionaron dos recados de escribir BIC Naranja y BIC Cristal para que continuara escribiendo solicitudes; la Duquesa de Arroquia, que pidió ser santificada por el Papa Gregorio IX se le concedió solamente la beatificación; el Duque de Banderas, Manuel Soriano solicitaba y consiguió recuperar la cuota anual pagada de más el año anterior; a la Marquesa de Castro, doña Charo, que lo intentó, no se le concedió la venia por no llevar suficiente tiempo cotizado a Andaraje AC.
Finalmente, en un solemnísimo acto de la Corte, se inviste Caballera de… ¡la Ordennn! a doña María José Pérez encomendándole, para que el nombramiento sea efectivo, que ha de reír durante un minuto al día de manera ininterrumpida durante tres días consecutivos, requisito que cumplidamente acata y ejecuta por lo que el nombramiento queda efectivo.


Tras la entrega de premios en uno de los salones del hotel disfrutamos de una par de horas de conversación entre amigos, libamos, nos reímos y nos emplazamos para futuras convocatorias a ser posible sin demasiada demora.

¡Hasta pronto!

Ya no estamos acostumbrando a las excelentes crónicas viajeras de Don José, y que sea por muchos años. Gracias por esta especie de acta notarial lúdica y cultureta, que justifica y engrandece eso que llamamos amistad.
Dejo constancia de la veracidad de todo lo relatado por el Cronista.
Pero sin duda el que mejor se lo pasó fue el camarero que no daba crédito a lo que estaba viendo y .. oyendo.