Como si de un ritual cíclico se tratara, el encuentro volvió  a producirse. Esta vez fueron las tierras de Priego de Córdoba las que nos acogieron. El agua, el barroco, las músicas tradicionales, el espíritu republicano y el ambiente monacal de nuestra hospedería se mezclaron con  buenos caldos y mejores viandas, y con lo mejor: el deseo de vernos, de achucharnos y de seguir compartiendo tantas cosas, en definitiva, eso que llaman amistad....