Tras el paréntesis del año 2010, el autodenominado «Brazo Tonto de Andaraje» (BTA) no ha soportado la idea de dejar pasar más tiempo sin hacer la gala de entrega  de los premios que anualmente concede a las personas que por su trayectoria son merecedoras de ello. Por tal motivo, dirigimos nuestra mirada hacia una de las ciudades agrarias andaluzas  de mayor interés para visitar y con una infraestructura hotelera que venía como anillo al dedo de nuestras necesidades: Carmona.

En Andalucía, Carmona, a treinta kilómetros de Sevilla, se precia de ser una de las ciudades más antiguas del continente europeo: cinco mil años de ininterrumpida presencia humana han dejado como resultado su inestimable patrimonio histórico; Carmona posee un valor de conjunto en el que lo monumental y lo popular, lo histórico y lo etnográfico se conjugan de manera armoniosa tal y como lo muestran los grandes hitos de su viario: ermitas, iglesias, casas palaciegas, puertas de la ciudad y recintos amurallados, anfiteatro, necrópolis…

Así mismo, el alojamiento se planteó en un hotel especial, cinco estrellas, que ocupa un antiguo palacio construido a finales del siglo XVI por la familia Briones – Quintanilla  y que perteneció a la misma familia ininterumpidamente desde que fue construido,  pasando  de generación en generación hasta el año 1987 en que fue vendido a otra aristócrata amiga de la familia, Marta Medina. Las habitaciones, biblioteca, restaurante, sala de billar, etc. en los que se celebraron la fiesta y cena así como la continuidad del alojamiento fueron el escenario perfecto de dos jornadas repletas de acontecimientos.

Iniciamos la visita a Carmona conociendo el Alcázar de la Puerta de Sevilla, un complejo defensivo amurallado, rodeado de varios fosos que lo convierten en un recinto prácticamente inexpugnable. Construido por los romanos (se conservan elementos arquitectónicos originales en casi su totalidad), fue ampliado y mejorado por musulmanes y cristianos, resultando una fortaleza-palacio en el que destacan la Torre del Oro ( maravillosa panorámica desde sus almenas), el Patio de los Aljibes  o la Torre del Homenaje.

La Iglesia Prioral de Santa María, fue levantada sobre la antigua mezquita mayor de la ciudad y conserva el patio de las abluciones a su entrada (ahora Patio de los Naranjos) en el que aún pudimos observar una muestra de las sucesivas culturas que hicieron de Carmona lo que es hoy: en el fuste de una de las columnas del Patio de los Naranjos se puede ver grabado un calendario visigótico. Planta gótica, retablo plateresco, colección de pinturas de Zurbarán en su museo, talla gótica de la Virgen de Gracia, Crucificado en estilo románico tardío, el original del Fuero de Carmona otorgado por Fernando III a la ciudad, son parte de las joyas que pudimos ver aquella mañana.

El Museo de la Ciudad de Carmona se haya ubicado en un antiguo Palacio: la Casa del Marqués de las Torres, un edificio del siglo XVI modificado en el XVIII. En él se exhibe una amplia colección de elementos materiales de valor tanto arqueológico como etnológico o artístico y que en su conjunto naran la historia de la ciudad. Nos llamaron la atención los mosáicos romanos, las piezas cerámicas «terra sigillata» de rojo característico y elementos arquitectónicos urbanos y palaciegos.

El Alcázar del Rey don Pedro I, construido en la parte más alta de la ciudad por el rey castellano tras su conquista en el siglo XIV, supuso el fin del paseo matutino del sábado y, dado que alberga en uno de sus extremos al actual Parador de Turismo, allí  tuvo lugar un excelente almuerzo que, además, supuso una excelente oportunidad de relajación y confraternidad.


Tras la siesta, el tiempo libre para solaz y disfrute de todos, vino el tiempo de la cena de gala en el restaurante La Gracia, dentro del hotel, un escenario perfecto para continuar la conversación entre amigos.


La  loggia fue el escenario y auditorio en donde se representó el último espectáculo del BTA:  “Siete personajillos en busca de autor… y Lorca sin aparecer”, una interpretación irreverente, irónica, iconoclasta, esperpéntica, impía, descarada,  vamos, genial, de los desgraciados acontecimientos que acabaron en el infame fusilamiento y fracasado hallazgo de los restos de Federico García Lorca (Guillermo Barroso Torres) junto a los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas interpretados por los niños Jose Mari Barroso Cejudo e Isabel Ramírez Viedma. No podían faltar Ian Gibson (Guille Barroso Cejudo), «El Señor de la Alhambra» (de tan infausto recuerdo para Andaraje, interpretado por Margarita Olmo Córdoba), Manolo «El Comunista», que ejerció de enterrador de los ajusticiados (Mari Jose Cejudo Herrera) junto al verdugo falangista Capitán Valdés (Isabel Herrera Benítez). El caso es que el señor de la Alhambra no déjó fusilar a Lorca por haber llegado ocho minutos tarde al patíbulo (¿os recuerda algo de enero del 2010?) por estar de copas con Ian Gibson y la historia ya nunca fue la misma…

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¿El éxito se debió, como todos los años, a la suerte? No, señores, no, todo fue fruto de un concienzudo y tenaz trabajo de meses, producción eficaz, preparación y estudio del guión, la escenografía, dirección de actores y recursos técnicos. Miren, si no, las maratonianas sesiones de ensayo:

 

Tras la representación se procedió a la entrega de los VIII Premios Grajo Blanco, que recayeron en:

  • Isabel Viedma Benítez por ¡Prima, prima, por favor, cállate ya! 
  • Trini Orihuela García por ¿Trini, tú has hecho algo? ¿No? Pues tienes premio.
  • Emilio Morcillo por «Me tienes la cabeza loca de hablar tanto y estar siempre enmedio»
  • Carmen Tizón Bernabé por «Cuanto más hierve la olla, antes se acaba el caldo»
  • Carlos Domínguez González por «Primer Hermano Mayor  Fundador de la Cofradía … y Redactor de sus Estatutos.

La mañana del domingo, tras el desayuno en la loggia, nos dirigimos a la Necrópolis Romana, un conjunto de enterramientos de los siglos I A.C al II D.C. descubierto en el siglo XIX por el arqueólogo inglés Jorge Bonsor junto al erudito local Juan Fernández López . Abundan los mausuleos familiares y entre todos destaca por su monumentalidad la Tumba de Servilia así como la Tumba del Elefante, en realidad un  templo dedicado a a los dioses frigios Atis  (representado como elefante) y Cibeles, dioses del sol y la fecundidad respectivamente.

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Desde la terraza del edificio del Museo de la Necrópolis pudimos observar una vista panorámica del Anfiteatro Romano, descubierto muy recientemente, en el año 1985. La «ima» y la «media cavea» están bajo el nivel de la calzada – la Vía Augusta-  cavadas en el alcor, mientras que la «suma cavea» fue la única parte edificada ya que es resto está cavado en la roca.


Al mediodía aún tuvimos tiempo, tras los abrazos y despedidas, de disfrutar de las comidas en nuestras localidades de origen la mayoría de nosotros, dando por terminadas estas dos jornadas que han supuesto una nueva ocasión de disfrutar de la compañía de los amigos en un ámbito al que conocemos de un modo especial y echando de menos a todos aquellos compañeros que no han podido acudir en esta ocasión por motivos que no ha sido posible solucionar pese a todo.

Os emplazamos para la siguiente ocasión.

y, ya lo sabéis… dejad vuestros comentarios y sugerencias, nos ayudarán a mejorar en próximas ocasiones.