El pasado día treinta de enero, tal y como estaba previsto, nos desplazamos a Granada para acercarnos con otros ojos a la ciudad, concretamente al barrio del Albayzín, donde nos esperaba Rafael Villanueva para acompañarnos en un agradable paseo que nos condujo por los senderos del agua.
Comenzamos en la Plaza de San Miguel Bajo y desde ahí penetramos en el Carmen del Aljibe del Rey, sede de la Fundación donde nos ofrecieron una visión global del abastecimiento desde la época musulmana y su distribución por acequias, red de aljibes y atanores, usos industriales, rituales, domésticos…

También tuvimos la oportunidad de visitar el interior del único aljibe al que se puede acceder en la actualidad, se trata del principal, de aquel que almacenaba el agua del Darro y la acequia de Alfacar y que regulaba todo el flujo de agua a Granada: El Aljibe del Rey.

Cuarenta y seis amigos fuimos siguiendo la ruta que nos marcaba el agua, pasando por la Plaza de las Minas y por el Arco de las Pesas a Plaza Larga hasta el Aljibe de Polo y de ahí al Patio de la Mezquita Mayor (actual Iglesia del Salvador).

Por la Puerta y el Aljibe de Bilbalbonud nos deslizamos hasta el Aljibe de los Negros que servía de regulador para el aporte de agua para las abluciones rituales de la mezquita llamada de Los Conversos, de la que aún se conserva el alminar, como tantos otros convertido en torre campanario.

La mañana transcurrió entre el fresco de las primeras horas de la mañana y una temperatura muy agradable en un magnífico día soleado; las fotografías de familia eran inevitables
Finalizamos con la visita a los restos de molinos harineros de la Calle de San Juan de los Reyes así como a la Coracha de la Acera del Darro y los Baños Árabes que han llegado hasta nosotros en un excelente estado de conservación.
Las piedras del molino aún permanecen incrustadas en los muros empedrados de las Plazuelas y las calles más bajas del Albayzín, indicándonos el pasado esplendor de una industria ancestral y ligada a la utilización inteligente de la fuerza hidraúlica.

Desde ahí, una perspectiva final del recorrido del Darro desde el Paseo de los Tristes hasta Plaza Nueva y vuelta a levantar la mirada para contemplar el siempre presente tapiz de fondo del bosque de la Alhambra y el palacio y Alcazaba en lo más alto.

Para terminar, la Peña Flamenca La platería, visita, remanso, reposo, y comida de un arroz caldoso regio servido en el salón de Los cabales. Ni más ni menos. En la terraza más alta de la casa, la que estaría sobre el palomar de tantas casas granadinas, nos ofrecimos, nuevamente, a la fotografía ritual de recuerdo para un puñado de nosotros.
De noche, si un reyezuelo bastardo pretendió impedirnos disfrutar de la Alhambra iluminada no lo consiguió, Granada toda estaba iluminada para nosotros y no solamente de un modo material y tangible, la Alhambra, para nosotros no ha dejado de estar iluminada siempre en nuestra memoria y en el ámbito de nuestros sentimientos. Buena prueba de ello son las dos últimas fotografías tomadas en aquel espacio la noche de autos.
De la posterior visita al Aliatar y las cosas que allí sucedieron podríamos escribir otro capítulo pero… esa ya es otra historia.
Gracias a todos por vuestra presencia y activa participación en esta jornada. Hasta muy pronto.

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