Tenemos una gran suerte, y una gran responsabilidad, al haber contribuido cada uno en su medida a crear, primero, y luego a mantener en pie año tras año la Cita Folk de Jódar, a la que venimos calificando en los últimos tiempos como “el festival folk más antiguo del sur de Europa”. Suele suceder que cuando repetimos una y otra vez una frase ésta tenga tendencia a convertirse en un latiguillo carente de sentido o en el peor de los casos caiga sobre ella la sospecha de no ajustarse del todo a la realidad: suena a consigna o lema publicitario más que otra cosa.
El festival folk europeo más veterano del que tengo constancia es el Cambridge Folk Festival, que comenzó su andadura allá por el año 1965, dudando aún si dedicarlo a la música folk o a cualquier otro tipo de música: había ganas de hacer un festival de verano allí y aprovecharon la existencia de un club de música folk, recién creado por un “inquieto” activista, Ken Woolard, para apoyar la organización y… hasta hoy. El Festival Intercéltico de Lorient, en la Bretaña francesa, lleva cuarenta años dando guerra (solamente dos más que la Cita Folk) pero es un concepto absolutamente distinto al nuestro: entre cuatro y cinco mil músicos, bailarines, cantantes… se dan cita esos días en Lorient en unas jornadas de convivencia, una variedad de feria en la que, lógicamente se celebran multitud de conciertos, espectáculos de danza, indumentaria, etc. con gentes venidas desde Irlanda, Asturias, Galicia, Escocia, Gales o Australia. También el Roskilde Festival, en Dinamarca, es un añito más veterano que el nuestro, ellos comenzaron en 1971, pero en su organización trabajan, como ellos mismos presumen, “solo” veinticinco personas a tiempo completo y son miles los voluntarios que colaboran en su realización, algo parecido a lo que sus paisanos del Skagen Festival hacen desde el mismo año. Existe una gran tradición de este tipo de encuentros en todo el norte de Europa, sobretodo en Escandinavia, pero la práctica totalidad de ellos más jóvenes que la Cita Folk de Jódar que Andaraje anda ya perfilando para su trigésimo novena edición.
Como podéis ver, nuestra Cita Folk está en el grupo de los cinco festivales folk más antiguos de Europa que es tanto como decir de todos los existentes –solamente a uno o dos años de tres de ellos y a siete del pionero en Cambridge- en tanto que nos separa de ellos, eso sí, una abismal diferencia en cuanto a la disponibilidad de recursos humanos y económicos.
Una vez puntualizado este asunto os felicito a todos por haber contribuido a su creación o a su desarrollo y a difundir su realidad con la convicción que dan los hechos objetivos y, si fuese necesario, explicarlo con los datos necesarios a quienes dibujan una sonrisa escéptica al escuchar que en pueblo de Mágina mantenemos año tras año, vamos ya hacia el treinta y nueve, a veces a trancas y barrancas, nuestra Cita Folk.
Dicho esto pasemos a la crónica de la edición de este año, la trigésimo octava que, fiel a las previsiones, resultó otra vez un éxito completo, en línea con las expectativas creadas a la vista del cartel: Vanesa Muela, Hexacorde, Korrontzi y Oinkari Dantza Taldea.
A media mañana, aún sin estar el sol en todo lo alto pero disfrutando ya de los treinta y seis grados de temperatura, arrancaron los músicos que iban a animar el cotarro, templando sus gaitas-dulzainas, nunca mejor dicho, y con las entradillas, pasodobles, jotas, rumbas … y mucho buen humor recorrieron el pueblo desde el Paseo 1º de Mayo hasta la Plaza del Ayuntamiento entre el gentío que iban congregando a lo largo de General Fresneda.
Tras la entrada en Andaraje comenzó lo bueno: unos bailando a lo suelto, otros aprovechando los pasodobles para hacerlo agarrados y, además, la participación espontánea de los vecinos que de nuevo salieron a sus puertas para ver, escuchar y ofrecer a los músicos y acompañantes unos vasitos de cuerva o cerveza, embutidos, fruta que todos agradecimos como se merecía. Gracias a la familias Benítez (panadería) y a Paco Manjón (“el Carbonero”), como siempre al pie del cañón y contribuyendo a que todo marchase sobre ruedas.

Con el sol ya en todo lo alto venía, por si el calor era ya poco, otra prueba de fuego: el concierto acústico, en pequeño formato, de Vanesa Muela en la intersección de la Calle Los Arcos y Alhorí aprovechando que en esa zona aún había sombra y corría una brisa fresca que era de agradecer. Vanesa, con un bagaje de conocimientos abrumador, una técnica depuradísima y un dominio de las tablas envidiable ya a su edad, convirtió un repaso por los diferentes instrumentos idiófonos, la mayoría de ellos informales o de adaptación, así como los diferentes ritmos que generan, en una divertidísima experiencia que siguió en directo una gran cantidad de personas que ocuparon sus asientos a lo largo de toda la calle Alhorí (y algunos más que no tenían sitio quedaron en pie por Los Arcos) desde ¡las 13:15 hasta bien pasadas las 14 horas! Risas, fuertes aplausos y, finalmente, otra, otra…
Tras esto, uno de los alicientes de la Cita Folk, la comida entre todos aquellos que pueden acudir, miembros de Andaraje y amigos del grupo que, en número creciente cada año, quieren compartir un tiempo, ya todos más relajados –alea jacta est- aunque aún pendientes del espectáculo central de los dos conciertos nocturnos en la Plaza de Fátima. Buenas viandas y muy buen ambiente en «El mirador de Mágina»… ay que envidia.

Ya por la noche, no por eso el calor era más clemente, la Cita se trasladó a su escenario central en la Plaza de Fátima, donde nuevamente Vanesa Muela, ahora integrada con el grupo madrileño Hexacorde ofrecieron otra cara no menos interesante de la música de raíz, con arreglos musicales en los que conviven con naturalidad la mandolina con el bajo eléctrico, la flauta de tres agujeros con el clarinete y el pandero cuadrado con la batería convencional. Un espectáculo potente, innovador , que hizo algunos de los espectadores salir frente al escenario para bailar al son de los músicos en un improvisado complemento a los sones a lo ligero que se cocían sobre el escenario.
Cuando decimos aquello de que “el numerosísimo público asistente…” aplaudía a rabiar cada una de las intervenciones no exageramos un pelo: aunque mis fotos no son de una calidad, llamémosle comercial piadosamente, sirvan como muestra del gentío que abarrotó Fátima aquella noche, desde el principio al final; amigos que asisten desde los primeros años pero también, y eso es importante, mucha gente joven y muchos venidos de fuera, tanto del resto de la provincia como de mucho más lejos.

Finalmente tocó el turno a los amigos de Korrontzi y a las dantzaris de Oinkari Dantza Taldea que, agrupados en torno a la trikitixa, la alboka, el txistu, ofrecieron un repertorio de danzas vascas que alternaron con composiciones propias todo ello con la seguridad y la garantía que dan un espectáculo completamente rodado y, por otra parte, lleno de matices tanto en la interpretación musical como en la danza, que llevaron a cabo con una consistencia técnica inmejorable redondeando la función con la sensación de haber transmitido al público la fuerza del legado que incorporan.




Fue, en definitiva, una memorable noche en el verano de Jódar, la que hace el número treinta y ocho de un festival a la medida de lo humano, de nuestro pueblo, pero que, no lo olvidemos y digámoslo con orgullo, se encuentra en el selecto grupo de los cinco festivales folk más antiguos de Europa.
Gracias a todos los que a lo largo de estos treinta y ocho años habéis ayudado a hacer realidad todas y cada una de las ediciones de la Cita Folk, ediciones que ha habido que ir pariendo una a una y que han requerido del mejor ánimo y esfuerzo de aquellos quienes durante un tiempo se volcaron en este proyecto que fue y es Andaraje y su, finalizando como comenzamos, CITA FOLK, el festival folk más veterano del sur de Europa.

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