Aunque con casi un mes de retraso, acercamos ahora la reseña del viaje anual de Andaraje y entrega de los Premios Grajo Blanco a todos aquellos compañeros que por un motivo u otro no pudieron estar esos días en la comarca de Los Vélez y, cómo no, a los que pudimos acudir allí al calor de los amigos.
Treinta y cinco años después de nuestro primer contacto físico con Vélez Blanco, en el invierno de 1974, cuando acudió nuestro compañero Pepe Nieto con su amigo Eduardo Martínez Alarcos como introductor de embajadores -él es de Vélez- para grabar a la Cuadrilla de Ánimas del pueblo, miembros de Andaraje volvíamos a pisar la comarca con una sensación especial, de difícil explicación, entre expectantes e ilusionados.
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Todo comenzaba el sábado 14 de Marzo en la Plaza de la Encarnación de Vélez Rubio, en la que se haya la monumental Iglesia de la Encarnación que fue la primera visita de las que efectuamos ese fin de semana. La contemplación del retablo barroco en madera al natural fue todo un augurio de las sorpresas que aún nos esperaban. Poco después nos dirigimos al Museo Etnográfico y Arqueológico de Los Vélez en donde obtuvimos una información que en un par de horas nos proporcionó una imagen global de los antecedentes y formas culturales generadas por los habitantes de la comarca desde los tiempos más remotos hasta el pasado reciente.

Explicaciones del Director del museo

Explicaciones del Director del museo

 

Mujeres de ayer y hoy

Mujeres de ayer y hoy

Foto de familia

Foto de familia

Tras esta primera inmersión que nos ofreció una imagen global, nos dimos una opípara y merecida comida en un restaurante a la entrada de Vélez Blanco, donde ya se desarrollaría el resto de las jornadas. Durante la comida, se cumplió, nuevamente, el aserto: «Dejad que los niños se acerquen a mí» que se aplica de manera constante Manolo Soriano en cada una de las comidas.
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Tras la comida, la llegada al hotel La Casa de los Arcos, antigua Casona-Palacio a la sombra del castillo y sobre el cauce del rio, fue otra de las agradables sorpresas del viaje. El hotel, dirigido por Dietmar, era espléndido y, lo que es más difícil aún, acogedor; todo fueron facilidades y buena atención.
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Descanso merecido para unos, no obstante la tarde supuso para los miembros del autodenominado Brazo tonto de Andaraje una dosis extra de esfuerzo preparando la escenografía, vestuario, sonido, luz y últimos retoques al texto de su espectáculo nocturno.
A última hora de la tarde acudimos al Salón de Plenos del Ayuntamiento para reunirnos en un acto, entre institucional e informal, con el actual mayordomo de la Cuadrilla de Ánimas, el Concejal de Cultura (a la sazón Dietmar) y todos nosotros; en dicho acto, además de evocar los momentos de nuestro primer contacto allá por los años setenta, se hicieron varias propuestas de gran interés para retomar la colaboración y estrechar la relación entre la Cuadrilla y Andaraje, propuesta que prometimos no caería en saco roto.
Un interesante, prolongado y pino paseo nocturno nos llevó (con una más que necesaria parada en una de las fuentes de caños) hasta el restaurante en el que se celebró la cena de gala, como siempre, perfectamente organizada.
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pict0104pict0109pict0106dsc04141p3160092p3160070dsc04145

¡ y… concursos y premios! que este año consistieron en explotar globos con el culo, actividad en la que algunos se revelaron como verdaderos expertos.
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La fiesta se prolongó hasta altas horas de la madrugada, cosa rara en las fiestas de Andaraje, nunca había sucedido antes, de lo que da fe el ánimo con el que afrontaban las actividades del siguiente día los supervivientes.
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Y es que el domingo por la mañana fue de caminar un poco para visitar los dos monumentos emblemáticos de Vélez Blanco: el imponente -realmente imponente- castillo renacentista y la Cueva de los Letreros, que guarda en su interior importantísimas muestras de pinturas rupestres que incluyen el que se considera en la actualidad el icono representativo de Almería: el Indalo.
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Tras la comida, regreso a casa. Nuevamente un éxito de organización (gracias a Manolo Soriano, Mª Isabel Arroquia y Joaquín) para un viaje pleno de sugerentes hallazgos, reencuentro con uno de los vestigios culturales aún vivos en el sureste de la Península Ibérica y entrañable acogida personal e institucional a Andaraje y lo que supone su actividad, pasada y presente.
¡Hasta la próxima!